RELATOS

“A nadie le importa”

Situación: esquina de Ejido y 18 de julio, pleno martes a las 14 hs. Una pareja que va a cruzar Ejido hacia la Intendencia ve que cambia la luz a rojo. Él, descaradamente empieza a caminar y a parar los autos con la mano. Ella, con su pachorra encima lo acompaña al lado. Los autos no les tocan bocina, nadie les reclama nada. Siguen airosos como si estuvieran yendo al altar. Él con gorrito y bermudas, ella con la panza al aire. Y nadie les dice nada. Me aguanté, quise hacer la vista gorda y no pude. “Está en roja” les dije muy serena. Y los dos, con sus miradas altivas y con una cuota de desprecio me miraron como si yo no fuera nada. “¿Y?”, contestó ella insolente. “Hay normas”, fue lo único que se me ocurrió decir, porque lamentablemente no soy muy rápida para responder. Siguieron su camino con su paso patotero mientras yo esperaba que cambiara la luz para cruzar. “¿Sos de tránsito?”, me espetó él cuando ya me habían pasado unos varios pasos. “No, soy una persona”, le grité sin siquiera mirarlo.

Para mi sorpresa, el hervor de mi sangre no duró más que mi caminata hasta la otra esquina, pero mi cabeza no paraba de pensar.

¿Quién soy yo en realidad para marcarle el error al otro? ¿Por qué a nadie más le molestó su actitud? ¿Por qué nadie más les dijo nada y los dejó sentirse los dueños de la calle?

A nadie le importa nada de esas actitudes consideradas una bobada, hasta que pasa algo grave. Porque si alguno de los autos que venía por Ejido no hubiera parado y se los hubiera llevado puestos, ahí sí que hubiera importado. Y si bien todos íbamos a ser testigos de que los que cruzaron mal fueron ellos, la gente que no estaba ahí igual hubiera culpado al auto o a la intendencia por no tener un inspector o  al Ministerio de  Transporte y Obras Públicas por la deficiencia en sus planes de educación vial o al Poder Ejecutivo por no darle suficiente presupuesto al Ministerio o a la educación y a la escuela pública o al Mides o a Bonomi.

Y parte de la culpa en realidad es nuestra, porque nadie somos todos y cuando nadie le dice a alguien que lo que está haciendo no está bien, que hay que respetar las reglas para poder vivir en sociedad, estamos validando esas actitudes. “Mejor no me meto, no quiero problemas”, puede pasar por nuestra cabeza, pero los problemas ya están y las soluciones no las tiene que dar el Estado, las tenemos que empezar a buscar nosotros.

Capaz que es un planteo un poco botón de mi parte, pero la verdad estoy cansada de aguantarme las ganas de decir algo cuando alguien tira un papel en la calle, cuando no hacen espacio en el bondi o cuando algún padre/madre le dice estúpido a su hijo delante de todo el mundo. Sigo creyendo que hay que cambiar esos “detalles” y hacer que a la gente le importen para poder hacer cambios realmente grandes.

Fin

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