RELATOS

A través de la ventana

Un hombre se balancea a través de una ventana y su ausencia detiene el tiempo. Una historia que intenta contar como el quiebre de la rutina puede hacernos ver más allá de nosotros mismos.

Todos los días cuando voy a trabajar lo veo. Está ahí balanceándose de un lado al otro a través de la ventana. Algunos días me olvido de su presencia, la mayoría, y me pego tremendos sustos. Otros, sé que lo voy a ver ya desde la cuadra anterior. Ahí, en la ventana, siempre igual meciéndose de un lado a otro con su rostro prácticamente pegado al vidrio. ¿Será autista? ¿Tendrá familia?, me pregunté varias veces. El hombre tiene unos 40 años, es de complexión delgada y casi pelado. No puedo decir mucho más. Algunas veces me quise detener para saludarlo pero tengo miedo de que sea contraproducente y que la cosa se ponga fea. Que le venga un ataque, que rompa el vidrio y que desde su casa me vengan a putear por provocar ese escándalo. Así que siempre paso calladita, observándolo de reojo. 

Hoy como todos los días pasé por su ventana. Estaba llegando tarde y venía pensando en lo que detesto trabajar 9 horas en una oficina. Crucé la calle y me quedé quieta.
Esperé unos segundos y retrocedí. La ventana estaba vacía. No estaba. ¿Lo habrán llevado a desayunar? ¿Estará enfermo? Me quedé ahí pensando en él. Sin saber qué hacer, porque la verdad es que no era un asunto mío. Me quedé unos minutos más… Esperándolo. Quería que se apareciera por esa ventana y se empezara a mover, como todos los días. 
Pero no apareció. No me podía quedar, no tenía sentido. Así que me fui a la parada a tomar el bus. El 522 estaba por pasar.

 

T. de T

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