COMER & BEBER

Días de limpieza: 3 experiencias en programas CLEAN

Después de tres experiencias de periodos DETOX y una relación cíclica con la alimentación, creo haber aprendido algunas cosas…

Mi relación con la comida nunca fue lineal. Digamos que le sienta mejor la palabra cíclica. Antes de mis 21 años era una relación algo fatal, tendía a llenar vacíos con ella y ganar así unos kilos extra, para luego pasar al polo opuesto con una dieta monstruosa, algunos supresores del hambre y ansiedad que me dejaban demasiado flaca.

Lo cíclico comenzó luego de estos dos polos. Cuando uno está dentro de lo “normal” y a lo largo del tiempo las estadísticas de kilos registran siempre un más/menos de 5 kg. A esto le llamo una relación cíclica, sin catalogarla dentro de lo “normal o anormal” porque no creo en la etiqueta (gracias Foucault, Las palabras y las cosas), aunque entiendo que es algo común que en algunos periodos engordemos más que en otros.

En 2015 leí el libro del programa CLEAN y lo ejecuté en 21 días a la perfección. Resultados: los que ya saben. Energía de mujer maravilla, unos seis kilos menos, ojos blancos y brillantes, estado de ánimo vital (luego del día cuatro, cuando se fueron las migrañas). Cero presupuesto para comprar viandas y menos súperalimentos “cool” y que no se fabrican en nuestras tierras, por lo que indagué en la cocina y con la ayuda de mamá me preparé todas las comidas.

Hice el segundo CLEAN en 2016. Había recuperado esos kilitos y tenía ganas de sentirme tan vital como en esos 21 días del 2015. Por tanto, sin libro, confiada de mi memoria, lo realicé nuevamente pero con un mini grado de flexibilidad, incorporando avena, algunos frutos secos y más de una comida sólida al día. Resultado: un kilo de menos y una sensación de liviandad generalizada.

Pero… ¿se dan cuenta de que hasta ahora el eje guía de esas dos experiencias fue EL PESO?

Clic, bajó la ficha.

Sin duda que todo deja un aprendizaje de por vida. Estos dos CLEAN me enseñaron a nunca más comer azúcar agregada, manteca, sal común (amo la sal rosada del Himalaya), intento cocinar con harinas sustitutas y dejé de tomar leche en el desayuno. Sin embargo, ese viejo amor por los hábitos de la mayoría siempre volvía. Me era imposible adoptar el CLEAN como forma de vida y dejar de comer queso (quién puede vivir sin los quesos????), panificados, carnes y mucho más.

¿Quién aparecía? La montaña rusa del peso. Aclaro que nada insalubre, totalmente dentro de los parámetros.

En abril de este año, mi nutricionista, fiel al método clásico de la nutrición, comenzó a estudiar coaching, técnicas detox y saludables. Me cuenta que con su socia lanzarían un programa DETOX de 21 días pero nada similar al clásico CLEAN. Un programa grupal de cuatro encuentros, con 3 días de adaptación, 14 de intenso DETOX y 4 de integración. Decidí hacerlo.

Resultado: fue un proceso hiperlindo. Pame e Isa de Espacio Nutrición Plena, desmenuzaron la panacea del CLEAN para hablar de la desintoxicación como una acción puntual que debe verse sistémicamente y holísticamente con una forma de alimentarnos con todo lo que existe, usando como guía el equilibrio, la autoescucha del cuerpo y el disfrute.

¿Qué me llamó la atención?

1- Amo el compartir con otros, escuchar y ser escuchada. Esto de juntar a varias personas en cuatro encuentros, para compartir dudas, tips y aliento, en mi caso, funciona.

2-Las palabras adaptación e integración: hablan de una visión saludable, de respeto y cuidado por el cuerpo frente a cambios bruscos.

3- Los alimentos e indicaciones del plan. A ver… vivimos en Uruguay, por tanto debemos comer con lo que tenemos y podemos. Este programa, si bien propone eliminar lácteos, harinas blancas, sal, azúcar y arroz blanco con el fin de desintoxicar por un periodo, me estaba diciendo que iba a poder comer tomate, cítricos, pollo, pescado y que no iba a tener que licuar todas las comidas; y lo más importante, no debía pensar en el PESO. Las cosas como son: un plan detox o un clean NO SON CON EL FIN DE PERDER PESO, sino de darle al organismo una “limpieza” de las toxinas. Si bajamos de peso, será solo una consecuencia.

Lo que realmente comienzo a entender es que hay dos caminos:

A – Engañamos en la rosca de programas detox intensos, deseando llegar al día 21 para comernos un combo y la mesa de postres del primer cumpleaños familiar que llegue.

B – Generar conciencia sobre lo que es bueno para el cuerpo y lo que no, para poder llevar una dieta equilibrada pero con disfrute y por qué no, momentos de goce.

No hay una única receta. Están quienes adoptan una única manera de alimentación, aquellos que no ponen atención en ella, y otros —en donde al menos intento ubicarme— que miran con atención, piensan en el cuidado del cuerpo, pero también disfrutan.

Sé que no descubrí ni digo nada nuevo con esta conclusión. Sin embargo, de procesar y vivenciar diferentes caminos, conduzco a esta “Roma”.

TIPS que aplico:

  • Suplir la harina tradicional para masas por harina de avena, garbanzo, arveja, chía y lino.
  • Jengibre al agua del mate.
  • Siempre sopita en la heladera.
  • Cambiar tostadas por las famosas toast de arroz.
  • El arroz blanco por el arroz integral chino (lo amo)
  • La sal rosada por la sal común.
  • Comenzar a probar condimentos nuevos además de la pimienta.
  • Sustituir acompañamientos como la papa por quinoa o amaranto.

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