MUNDO

BIP BIP: un clásico de Río de Janeiro

En el número 50 de Almirante Gonçalves, en pleno Copacabana y a pocos pasos de la famosa playa de igual nombre se encuentra el tradicional bar Bip Bip. Un lugar íntimo y tradicional, pero a la vez abierto a todo tipo de turistas y locatarios. Inaugurado en 1968, sigue siendo un punto de encuentro para nuevos y viejos sambistas.

Dentro del pequeño salón, que en realidad es un garaje, hay una mesa larga donde cada noche se dan cita un grupo selecto de músicos para interpretar canciones de la música popular brasileña. El público se queda, en su gran mayoría, en la vereda, aunque algunos privilegiados pueden escuchar y disfrutar del espectáculo desde adentro, parados contra una pared. Desde afuera, la gente mira de pie aunque algunos días colocan sillas en la vereda. Cuando termina una canción, en lugar de aplaudir, el público reconoce a los intérpretes con el chasquido de los dedos; método que resulta muy cómodo cuando uno tiene una latita de cerveza en la mano, aunque en realidad la finalidad es no molestar a los vecinos.

 

El personaje

Un capítulo aparte es su dueño, Alfredo Melo, y “su oficina”. Alfredinho, como se lo conoce habitualmente, es toda una celebridad; la gente se saca fotos con él, todos lo saludan o se acercan a decirle unas palabras. Él permanece casi todo el tiempo sentado en una mesa pequeña situada en la entrada del salón, donde tiene todo lo que necesita a su alcance: un teléfono de línea, una calculadora, su vaso de cerveza y su libro de anotaciones; es que cada vez que alguien saca una cerveza de la heladera le avisa a Alfredinho y él va llevando la cuenta para cobrarlas al final. Hay que mencionar que el sistema de anotación es el mismo que utilizamos para llevar la cuenta de los puntos del truco. El local por dentro está decorado con fotos y retratos de Alfredinho junto con algunas personalidades y recortes de revistas que refieren al bar o a su dueño. También pueden encontrarse fotos de personalidades del agrado de él, como por ejemplo, del “Pepe” Mujica. Cuando se enteró de que éramos uruguayos no tardó en mostrarnos orgulloso su foto del expresidente.

A mitad de la noche el show se interrumpe para dar lugar a un “discurso” de Alfredinho. Las noches que lo vimos en acción, el discurso giró en torno a dos temas: en primer lugar, su indignación con la destitución de Dilma Rousseff y su apoyo a la causa “Fora Temer” (incluso tiene un cartelito en la puerta con esta inscripción) y en segundo lugar se refirió al apoyo que brinda el Bip Bip a personas con pocos recursos y a artistas de Rio. Según entendimos (su voz ronca y grave sumado al portugués no ayudaban a nuestra comprensión), entre otras iniciativas, él organiza un gran almuerzo los 24 de diciembre para ayudar a personas que lo necesitan cuando el hambre acecha. Luego de las palabras de Alfredinho, pasan una especie de alcancía para los que quieran colaborar. Para recaudar fondos también venden CDs (probablemente de algunos de los músicos que concurren a tocar), y se ofrece un libro que contiene 104 relatos con historias, anécdotas y sensaciones con respecto al Bip Bip, editado con motivo de los 40 años del bar. Nosotros nos hicimos del nuestro.

Transcurre la noche entre el vaivén de gente con sed que busca una latita y los acordes y melodías de jóvenes y viejos músicos que parecen estar disfrutando de una reunión en la casa del abuelo alrededor de una gran mesa. Del otro lado, aparecen algunos que vuelven de la playa y se obsequian unos minutos para disfrutar de buena música; otros que salen de trabajar y quieren desenchufarse, muchos extranjeros que descubren este lugar —como nosotros— y que no quieren dejar de pasar aunque sea un rato cada noche y alimentar el gusto por la cultura de Brasil.

Este bar, que creemos de visita obligada si se va a Río de Janeiro, se enmarca dentro de la categoría de los bares que intentan mantener la bohemia y autenticidad del barrio y de la cultura brasileña. Aunque por momentos parece darle la espalda al público, o por lo menos mirarlo con indiferencia, en cuanto uno entra en ambiente se da cuenta de que lo están recibiendo con los brazos más abiertos que los del Cristo Redentor.

Estefanía Pucek y Matías Parodi

 

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