MUNDORELATOS

Cabo de la Vela (Jepirra – Tierra sagrada de los wayuu)

Respiro. El aire quema las fosas nasales. Es la primera vez que estoy en un desierto, un desierto enmarcado por aguas turquesas y cristalinas, inmerso en el Caribe. El camino me parece salido de una escena de Star Wars. La tierra hambrienta revela su aridez entre los cactus y tiñe de tonos marrones-rojizos todo lo que encuentra a su paso, mientras los espejismos descolocan más de una vez a la retina durante el trayecto de ida.

11 de la mañana, 34 grados que se sienten en cada célula del cuerpo como si fuesen 40. Dejo la mochila en el hostel Kite Center Eoletto, y observo la construcción fabricada con yotojoro, madera que se extrae del corazón del cactus y el material que predomina en la construcción de las casas de los nativos de Jepirra. Miro el mar Caribe que se posa majestuoso ante mis ojos y que me regala cierta dosis de frescura. Respiro.

Sopla el viento y poco a poco el agua calma (no hay prácticamente olas) comienza a salpicarse de tablas de kitesurf. Ahí entiendo por qué el lugar es considerado la meca de este deporte, y también del windsurf, en Colombia. Me siento sobre la orilla y veo pasar una y otra vez esas cometas de colores. A mis espaldas los cactus me advierten que aún estoy en el desierto.

Caminamos (estoy con dos amigos) por las calles prácticamente desoladas. Recorremos algunos barcitos costeros que ofrecen jugos de frutas y platos a base de pescado, patacón (plátano verde prensado y frito) y arroz. Nos sentamos y almorzamos. La brisa es caliente, aún frente al mar. Tres niños se nos acercan a vendernos artesanías de tejido wayuu, desde las famosas mochilas hasta pulseritas de colores. Agradecemos. Insisten. Hablan wayuunaiki. Insisten. Volvemos a agradecer. Pero no se van. Miran. Insisten.

“En El Cabo de la Vela no hay mucho para hacer, solo descansar y relajarse”, me dijeron más de una vez antes de ir. Y aunque es cierto que no son tantos los lugares “turísticos” también es cierto que este sitio sagrado es el lugar geográfico por donde las almas de los wayuu salen hacia el más allá, a su descanso eterno, y por lo tanto ofrece experiencias culturales muy ricas.

No tengo una guía de turismo ni quiero tenerla. Me invitan a ir hasta el cerro Pilón de Azúcar y pienso que es un buen plan. Atravieso caminos de tierra seca. A los costados cactus con bolsas de nylon. Me cruzo con una madre que lleva una palangana en su cabeza, y que va con tres niños descalzos que corretean a su alrededor. Me miran. No saludan. Solo miran. Yo miro mis chancletas.

Veo el Pilón de Azúcar, esa pequeña montaña sagrada para los wayuu incrustada en el mar. Parece más difícil de subir de lo que realmente es. Lo hago en poco menos de 15 minutos y contemplo el mar y los mensajes de algunos viajeros sobre el suelo. La mayoría son declaraciones de amor (sí, suspiro). La panorámica es majestuosa. En lo alto un altar de la Virgen de Fátima. Más abajo, una playa con agua fría y bastantes olas que golpean contra rocas y se enmarcan en paredes de tierra seca.

Puestas de soles únicas, prometían algunos locales en El Faro, otra montaña del paisaje local que ofrece magnífica vista al mar. Ese día caminé una hora hasta llegar a la cima aunque también se puede ir en mototaxi o en camioneta (los precios son muy accesibles). Y el sol efectivamente se pone hermoso en medio del mar Caribe. Aunque en El Cabo parecen ser varios los lugares para ver colores en el cielo y en el mar. Está, por ejemplo, la playa Arco Iris, un lugar del que supe de su existencia por Generosa, una chica que vive allí y sabe muchos secretos de este lugar (más abajo les dejo su contacto). En esta playa el agua del acantilado crea un prisma con la luz solar, y se forman pequeños arco iris a la orilla de la playa. Otros lugares a los que no fui pero aseguran que valen la pena son las Cuevas del Diablo o piedras sopladoras, una formación de rocas perforadas naturalmente por el agua a orillas del mar, por donde la corriente de aire intensa del lugar pasa creando sonidos macabros. O El ojo del agua, una pequeña corriente de agua dulce que forma una piscina en medio del mar.

Contacto de Generosa: https://web.facebook.com/gene.montiel.71

***

Desde la hamaca veo la noche. Reina cierto silencio a mí alrededor lo que permite escuchar el sonido del mar. Aunque me habían advertido que hacía frío el clima me parece agradable y apenas si hace falta ponerse un pantalón largo para dormir. Si bien es posible alquilar habitaciones con cama la mayoría de los viajeros dormimos en hamacas o chinchorros (hamacas tejidas a mano en telar vertical por los wayuu) en habitaciones compartidas. Veo estrellas. Cierro los ojos. Sé que no voy a encontrar una imagen más bella.

Del Cabo a Punta Gallinas

La camioneta espera en la orilla a las 5 am para ir a Punta Gallinas, el punto más al norte de América del Sur. El espectáculo de la naturaleza es realmente admirable. Dunas de arena blanca, mesetas rocosas y de nuevo el mar exuberante que marca presencia.

Para llegar a Punta Gallinas el visitante que viaja generalmente en una 4×4 con aire acondicionado (no hay otra forma de hacerlo o al menos no la encontré) deberá pasar al menos 10 “barreras” fabricadas con una cuerda que en los extremos tienen papeles de caramelos, caramelos que tiran (literalmente) algunos conductores al cruzar la barrera. Lo dramático no son las barreras sino los niños y mujeres que están en esas barreras al rayo del sol. Ocasionalmente los lugareños venden algunas artesanías, principalmente las “famosas” mochilas wayuu o bandejas con la fruta del cactus. Pero lo común es que simple y automáticamente estiren la mano al ver a un turista pasar. Piden. Tienen instalada la cultura del “usted tiene que darme porque es arijuna –hombre blanco-). Los “generosos” gringos (o sea todos los viajeros extranjeros) formamos parte de esa cadena y les damos bolsas con agua y compramos algunas frutas. Se me atraganta la saliva. No quiero ver más.

Lo que uno paga por la 4×4 ida y vuelta incluye un tour en Punta Gallinas que vale la pena hacer. Las Dunas de Taroa son lo más hermoso del paseo. Dunas blancas que parecen cernidas y que conducen a una playa donde es imposible no tomar un baño de agua fría. Además en este tour se va al punto más al norte de América del Sur que está adornado por esculturas hechas con piedras por los viajeros. Me siento parte de ese mundo de mochileros.

Pasear en lanchas por las islas que están alrededor, avistar flamencos y observar su delicadeza casi que acalambrante o ir a la playa La Boquita a ver el atardecer son otros buenos planes que ofrece el lugar.

Ahí en el punto más al norte de América del Sur!

CÓMO LLEGAR. La aventura de llegar por nuestros propios medios no es descabellada ni imposible aunque hay varias agencias de viajes que ofrecen tours. Mi viaje comenzó en Riohacha (capital de La Guajira) de ahí tomé lo que se conoce como “colectivo” (un auto compartido) hasta la ciudad de Uribia (capital indígena de la región). El costo fue de 15.000 pesos colombianos (poco más de 5 dólares) por persona. Luego nos subimos a una 4×4 y de allí partimos hacia El Cabo de la Vela, el costo es de 25.000 pesos colombianos (8,50 dólares). Si se quiere ir hasta Punta Gallinas, el tour que incluye traslado en 4×4, lancha y un paseo interno cuesta 120.000 pesos colombianos (40 dólares). Conviene comprar agua y algo de comida en Uribia ya que los precios se elevan considerablemente en El Cabo y en Punta Gallinas.

DÓNDE ALOJARSE. Hay diferentes ofertas para hospedarse en El Cabo de la Vela aunque recomiendo ampliamente uno: Kite Center Eoletto. Este lugar alejado del bullicio del centro ofrece no solo atención personalizada sino que lecciones de kiteboarding & windsurf para principiantes y avanzados brindando todos los equipos necesarios para el deporte. Es un hostel cómodo y tranquilo que brinda acomodación en chinchorros y hamacas en cabañas privadas. Además cuenta con servicio de bar y wifi. Acá les dejo su página web por si quieren conocer más de los servicios: http://windsurfingcolombia.com/.

Este es el hostel. Sí, está frente al mar 🙂

CÓMO SER UN TURISTA RESPONSABLE EN LA GUAJIRA.

La naturaleza casi que alucinógena convierte tanto a El Cabo como Punta Gallinas en destinos que valen la pena visitar. Pero la realidad de la zona y sus habitantes también genera una necesidad de responsabilidad y conciencia por parte de nosotros, los turistas.

-Infórmense acerca de la cultura y la problemática de la región de manera que puedas acercarte con mayor comprensión cultural al lugar que vas a visitar.

-Háganse cargo de su basura en los territorios indígenas porque allí no hay un eficiente sistema de recolección. Una de las problemáticas más extendidas en la zona es la existencia de residuos al aire libre.

-En el lugar el agua es un bien escaso por lo que es necesario consumir con consciencia.

-Si les ofrecen comida típica no consuman alimentos provenientes de animales en vías de extinción como la tortuga marina.

-Si van a comprar artesanías aprecien el valor humano, artístico, patrimonial y cultural de las artesanías wayuu. Nunca pidan rebaja a un artesano, si pueden ofrezcan más.

-Cuando vean niños vendiendo artesanías y otros productos en las calles no compren, no apoyen la explotación laboral infantil. Si quieren apoyar, busquen a sus padres.

-Si los niños indígenas los buscan para solicitarles monedas no contribuyan a la mendicidad estimulando esta práctica. Claramente los niños deberían estar bajo protección en sus casas y escuelas, y no vendiendo en las calles poniendo en riesgo su integridad.

-Si tienen el interés de apoyar a las comunidades vulnerables no regalen agua ni comida sin garantizar el buen destino de tu aporte. Canalicen estos recursos a través de proyectos responsables y organizaciones que puedan dar garantía del destino de sus donaciones.

Si quieren saber más acerca de los tejidos de las mujeres wayuu y de su cultura los invito a conocer y apoyar al proyecto Tejidos Vitales de la Fundación Talento Colectivo.

http://www.tejidosvitales.org/

http://www.talentocolectivo.org/

Cortesía: Fundación Talento Colectivo – Unidad de Turismo Cultural Responsable

 

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