RELATOS

Cerrajerooooo

Llamar al cerrajero dos veces en menos de una semana por el mismo tema y en casas distintas no es normal. ¿Será una señal? ¿Será que ando trancando puertas por ahí por algo? ¿Será que tengo que destrabar tantas cosas que las puertas me lo enrostran?

La puerta… si habrá metáforas en una puerta. ¿Qué es una puerta? Es un objeto que separa un mundo de otro, una historia de otra. Abrir una puerta es arriesgar, es jugártela y bancarte lo que haya del otro lado. Es la materialización de la incertidumbre. Y de la posible felicidad. Abrir una puerta, señores, no es fácil. No es para cualquiera. Abrir una puerta significa confiar, confiar de verdad en que lo que está del otro lado va a estar bueno o al menos va a ser mejor. Abrir una puerta es tener ganas de que haya un cambio, un nuevo escenario. Y abrir una puerta y no saber con qué te vas a encontrar… Eso es solo para valientes…

Pero algunas veces la puerta se tranca, se te tranca porque en el fondo tenés miedo, te da miedo dejar atrás la seguridad que creías que tenías. Te da miedo dejar ese mundo repleto de vacío que aunque te hacía infeliz te gustaba. Saber que tenés que abrirla, y que se te va a trancar un millón de veces, es en realidad  lo lindo de todo esto. Es sentir la vida, es vivirla con intensidad, con pasión, con ganas. Es vibrar. Y cuando se te tranque, es bueno saber que, por suerte, siempre hay un cerrajero en la vuelta. No tiene que ser demasiado experto, solo tiene que tener ganas de abrir esa puerta. Y cuando la abre, magia. Un nuevo mundo por conocer.

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