RELATOS

¡CHAU 2016!

Colgada

En julio empecé a ir a clases de escalada deportiva. Hace doce años ya había incursionado con la roca artificial, los arneses y los callos en las manos, pero en su momento, entre el liceo y otras actividades, tuvo que dejar. Este año decidí volver a las alturas para descargar estrés y ponerme en movimiento.

No duré más de un mes y medio, el trabajo no me liberaba a tiempo y la frustración de no poder escalar con fluidez mató mis ganas de ascender.

Para la escalada se necesita determinación, paciencia, constancia, concentración, paciencia, confianza, seguridad, paciencia, no tenerle miedo al fracaso y un poco de talento. Para la vida también y aunque no pude “ganarle” a la escalada (al menos por ahora), este 2016 me enseñó estas cosas a fuerza de darme contra la pared un par de veces. Me sorprendió cumpliendo tareas que pensaba que no podía hacer sola, me hizo llorar, patalear, insultar, enojar; me obligó a crecer profesionalmente, a abandonar cosas que me gustaban mucho, a conocer nuevas y geniales personas, a cuestionarme aún más para qué estoy acá.

El 2016 lo dejo sin pereza y con un poco de orgullo. Un año largo, de loops, de buenas ideas, de buenos encuentros, de poco tiempo libre, de charlas y el semillero de una necesidad de libertad suprema.

La paciencia todavía no la domino y el miedo al fracaso, menos, pero si en el 2017 la pared está empinada, las manos me duelen, el peso se hace insostenible y la caída es inminente, al menos tengo las herramientas para luchar por sobrevivir y seguramente del otro lado de la cuerda, habrá alguien evitando esa caída.

 A.S.O.

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De pie

Primero quiero saludarte, porque no pude darte la bienvenida del todo, pese a que el primer día de tu año hice un saludo al sol grupal que hizo de ese día uno de los mejores de mi vida.

Entonces, hola. ¿Te hiciste notar, eh? Intensidad no te faltó pero tampoco te faltó sabiduría. De a ratos me hiciste creer que durabas diez años y por momentos me pasaste tan rápido…

Pero la consigna era despedirme de vos, y ¿sabés qué? (y nunca pensé que lo fuese a decir), te voy a extrañar 2016.

Me enseñaste a apretar los dientes y a aguantar. A enfrentar miedos que parecían imposibles. Me enseñaste a que la autenticidad vale mucho y a que para crecer no es necesario perder la sonrisa.

Delineaste noches mágicas, caminos que eran difíciles de seguir, y me rodeaste de personas hermosas, que me dieron verdaderas lecciones de vida. Algunas que ya estaban en mi vida, y que hiciste que este año las amara más que nunca, y otras que aparecieron así de repente, y que resultaron seres muy singulares.

También me rodeaste de personas complicadas, con las que me enrosqué en laberintos de los que me costó salir. Pero gracias por haberlas puesto ahí, gracias porque de ellas aprendí a reafirmar lo que no quiero, con lo que no transo.

Me oprimiste el pecho y me explicaste cómo limpiar mi propia mugre. Me mostraste por dónde no debía ir, aunque aún no sepa exactamente hacia dónde ir. Me demostraste que se puede, que siempre se puede cumplir un sueño. Así que gracias 2016, por dejarme recorrerte despacio, por haber podido saborearte. Gracias porque es por vos que este 2017 va a estar increíble.

T. de T.

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Cuando el Universo acciona

No me hallo supersticiosa, pero creo que este 2016 fue algo conspirativo. ¡Vamos, se ha llevado a personas y personajes legendarios, he escuchado el término separación muchas veces y la palabra crisis existencial, otras tantas!

Este 2016 además fue mi último año dentro de la década de los 20. Me encontré segundo tras segundo con sentimientos encontrados, reprocesos, dobles visitas a la psicóloga, en búsqueda constante de lo que de verdad me llena el alma, dejar de poner foco en el afuera, empezar a alumbrar lo interno, y querer bajarme del mundo en varias ocasiones fueron cosas definitorias de este año.

Y como nada es casual sino causal, el propio Universo se encargó de accionar. Aún en una etapa bisagra, el 2016 me mostró el amor de ser tía, el esfuerzo que requiere ponerse proyectos de vida con quien amás, nuevos roles de trabajo, ser parte de la Fauna más bella de este mundo como una FashionLover, personas para no dejar ir nunca y para no variar, un montón de nuevas interrogantes que estoy, más dispuesta que nunca, a seguir develando.

En resumen aprendí:

La intuición es quien te dice la posta para decirle sí o no a las cosas, proyectos y personas.

No hagas algo que realmente no sentís.

Mostrarte como sos es la que va.

Si no te valorás vos mismo, no te valorará nadie.

Hay que esforzarnos a no dejar de mandar un beso, un mensajito y un te quiero a quienes adoramos.

Menos frustración y más autocaricias.

Las crisis y quilombillos siempre están, el tema es cómo los atravesamos y dejamos que nos atraviesen.

Más amor…

Más Fauna…

F.F.

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Reconectar

2016: contigo fue amor-odio. Me hiciste traspirar, me tambaleaste el piso, me hiciste cuestionarme grandes decisiones que tomé los últimos años de mi vida, me hiciste pensar y repensar. Me hiciste perderme y desconocerme. Lloré, tuve miedo, me confundí, me sentí varada en un desierto sin saber para dónde caminar. Pero, en la búsqueda de algo que frenara mi hormigueo mental, me hiciste probar cosas nuevas, me alejaste de mis seguridades para que pudiera conocerme desde lados diferentes, me bajaste la confianza como un ancla, pero era para que volviera a crecer más fuerte y sincera. Como resarcimiento introdujiste en mi vida de forma sorpresiva personas que fueron claves y estuvieron ahí para inspirarme, para esperanzarme, para recordarme la importancia de sentir y para, muy sutilmente, mostrarme el camino. Me reconectaste con mi cuerpo, ¡y cuánto lo extrañaba! Gracias por volver a enseñarme la importancia de escucharlo y de entender que mente-cuerpo-alma son inseparables.

Aunque me dejaste con mil preguntas y todavía sigo buscando, me hiciste encontrarme, pero de una forma diferente.

Tus últimos días los vivo como niño que vuelve de un campamento: caminando lento y tambaleante por el peso de la mochila, con las rodillas magulladas y la ropa llena de barro, pero con ese cansancio reconfortante sabiendo que, después de un descanso, no le va a quedar más que grandes recuerdos e inmensa alegría.

Gracias, 2016, por estos 365 días de intensidad.

K. N.

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