CULTURA

Con el alma en el piso

Texto y fotos: Gabriela Viera

Muchas veces utilizamos la expresión popular “con el alma en el piso”, cuando estamos desanimados, cansados o agotados por alguna razón, sin embargo, en este recorrido les vamos a mostrar otra forma de andar con el alma por el piso, para mirar, ver, descubrir y aprender de la arquitectura, los edificios y los lugares que tienen en sus pisos algo que decirnos. Nuestra ciudad tiene lugares bien encantadores, algunos relucientes, renovados, otros abandonados, pero que contienen pisos, mosaicos y detallados diseños que hacen de nuestro caminar un circuito bien distinto. Solo basta con detenerse, mirar hacia abajo, allí donde nuestros pasos siguen a muchos otros que han pasado y nos permite descubrir rincones y lugares que valen la pena conocer. El recorrido intenta ser un primer acercamiento, seguiremos buscando mosaicos y diseños de esos que nos trasladan, acompañan nuestro andar y nos imaginan anónimos pasos, miles de pasos perdidos de esta Fauna que somos y fuimos.

Me decidí a recorrer y andar la ciudad sin apuro, mirando y observando la arquitectura diversa y rica que encontramos a cada paso. Anduve también por el interior de nuestro país fisgoneando y tratando de encontrar esos trazos, de una vieja época en sus pisos y mosaicos, para descubrir, su arte, sus colores, sus historias. Cada barrio, ciudad o pueblo tiene una identidad, bien asociada a sus usos, historia, orígenes y relación con el entorno que le dio y le da vida. Pero hay un aspecto de esa arquitectura que muchas veces pasa algo desapercibida, quizás porque es más un detalle que acompaña todo el resto: sus pisos. Sin embargo, en las construcciones antiguas ellos eran bien importantes en el diseño, lo acompañaban y formaban parte del proyecto desde el principio, incluyendo iniciales, escudos heráldicos o detalles que informaban de alguna simbología en particular. Si hurgamos en la ciudad, en los edificios con algo de historia y años, vemos que hay todo un estilo asociado a la época, a las costumbres e incluso a la alcurnia de la familia que habitaba la casa o a la importancia del edificio del que era parte. Los mosaicos y pisos con diseños en la época colonial eran un clásico de las casonas y jardines residenciales. Cada casa familiar tenía un piso diseñado exclusivamente para esa obra, y difícilmente haya dos iguales. Por su parte, los dameros en blanco y negro se los encontraba en patios, jardines interiores, galerías o cocheras laterales a las que las carretas accedían desde la calle. Hoy hay algunos más modernos que con cierto estilo rememoran aquellos años. Pero a todos los une algo único, el arte, cuidado y calidez que los caracteriza.

Pisos de la ciudad

Los mosaicos y dameros estaban asociados en su mayoría a la clase alta, a las familias adineradas y eran símbolo de su posición social. También se los encontraba en museos, teatros, bibliotecas, asociaciones, palacios o edificios del gobierno, por lo general en espacios amplios, grandes y luminosos que le permitían lucir todo su esplendor. Las técnicas y materiales eran diversos, de mármol, mosaicos de pequeñas piezas que eran reales obras de arte o baldosas de diversos estilos, colores y diseños. Las obras llevaban muchas veces cuatro o cinco meses de trabajo donde el juego de la perspectiva y la armonía con toda la arquitectura tenían un sentido bien importante. La realización artesanal y la calidad de los materiales y de las piezas finales, nos interpela hoy sobre el exquisito trabajo que esos arquitectos realizaban y que marcaron una época que nos habla de un Uruguay diverso donde todo se hacía al mejor estilo europeo con influencias de nuestros usos y costumbres.

Los mosaicos daban calidez y nobleza a los ambientes y aún hoy podemos disfrutarlos en su mayor esplendor, lo que confirman la calidad de su diseño y construcción. Han pasado los años y aún hoy es posible disfrutarlos, acompañan nuestros pasos y siguen allí testigos del tiempo. Muchos de esos pisos se encuentran en edificios que son parte de nuestra historia, y muchas cosas han pasado allí, desde el Palacio Legislativo, el Salvo, el Palacio Brasil, el Club Uruguay, el Taranco, estancias, hoteles o casas residenciales e incluso comercios. Mi instinto inquieto, me hace entrar a portales, zaguanes, museos, casonas para ver más allá, observar, descubrir quiénes eran los que allí habitaban y qué tipo de vida llevaban. Detenerme en el arte y diseño de sus pisos es sólo una huella de muchos otros relatos, conversaciones y situaciones que allí se daban.

Casona Mauá

En el corazón de Ciudad Vieja, encontré uno de los mosaicos más lindos. Se encuentra en la Casona Mauá, una residencia restaurada, hoy salón de fiesta que muestra todo su esplendor como en los mejores años. Construida en la década de 1870, fue residencia del Barón y Vizconde de Mauá  quién vivía allí cuando llegaba al Uruguay en viajes de placer o negocios. Andar por aquellos salones y admirar sus pisos, es sólo un privilegio para alejarse del ruido de la ciudad e imaginarse por algún momento en el siglo XIX.

 Piso damero del Solís

”Teatro del Progreso”, ”Teatro de la Empresa”, ”Teatro del Sol”, ”Empresa del Teatro de Solís” y ”Teatro Solís” son algunos de los nombres que se pusieron a votación de los empresarios para designar el ”coliseo” que estaban construyendo, asociado desde su origen al proceso de construcción de ciudadanía”, así se describe el Teatro Solís en su web. Apenas subir los dos escalones que nos llevan de la vereda a su magnífica arquitectura, nos encontramos con un piso damero en blanco y negro de mármol que decora su galería.

Palacio Legislativo

El Palacio Legislativo de por sí debería ser una cita obligada. Es una maravilla de arquitectura que fue inaugurado el 24 de agosto de 1925, conmemorando el centenario de la Declaratoria de la Independencia. La construcción de la obra estuvo a cargo del arquitecto italiano Gaetano Moretti, quien contó con la colaboración del arquitecto uruguayo  Eugenio Baroffio. Sus pisos son de mármol y siguen la impecable calidad de vitrales, lucernarios, murales y ornamentos. Caminar por ese enorme salón de los pasos perdidos nos hace imaginar hechos históricos de diversas épocas que han transcurrido allí.

Junta de Montevideo

La Junta Departamental de Montevideo aloja un piso damero que conjuga usos antiguos con la nueva utilidad del edificio. Por allí entraban los carruajes y desde lo alto se aprecian aún mejor.

Faro de Isla de Flores

Ni los más lejanos lugares de la ciudad dejan de sorprenderme, en este caso el viejo faro me maravilla con un damero que juega en simetría con una escalera caracol que nos lleva a la luz.

Almacén Cavalieri Melilla

Un rincón a las afueras de Montevideo. Podés comprar cualquier cosa como en los viejos almacenes de ramos generales, es acá nomás en Melilla, pero parece que te trasladaras en el tiempo por un ratito si te dejás llevar por el ambiente. Sus pisos nos recuerdan que tiene muchos años y que muchos parroquianos han pasado por allí.

Museo de la Memoria (ex casa Máximo Santos)

La casa de Máximo Santos hoy es el Museo de la Memoria, para que no olvidemos historias, pero también sus pisos nos piden que los recordemos. Imposible dejar pasar su belleza.

Jockey Club

El majestuoso y hermoso edificio del ex Jockey Club de Montevideo, hoy cerrado, tiene uno de los pisos de mármol más bellos de la ciudad. Promete que pronto será un hotel, que espero con ansias para poder volver a caminarlos.

Colonia del Sacramento

Caminando por la ciudad de Colonia del Sacramento me encontré con una obra nueva que sintoniza con el paisaje y el aire colonial del barrio histórico. Pasos que dan gustos ser dados y nos permiten seguir avanzando. Trozos de viejas cerámicas adornan hoy algunos de las calles y pisos del casco viejo.

Una casona en el barrio histórico de Colonia, una como tantas me da la bienvenida con su piso decorado con flores y vivos colores.

Narbona

Bodega Narbona es uno de los lugares más lindos de Carmelo. Allí la excelente arquitectura al mejor estilo colonial ofrece espacios para sentarse, charlar y quedarse por mucho rato. El piso en blanco y negro es un clásico.

Estación Garzón

Una reliquia, la vieja estación de AFE de Pueblo Garzón es una maravilla arquitectónica, hoy vandalizada y en abandono, aún así no muestra rasgos de lo que fue. Si esos pisos hablaran, tantos abrazos de despedida y bienvenida, tantas charlas y bullicio habrán ocurrido en su entorno. Hoy siguen siendo testigos mudos del tiempo.

Argentino Hotel

Cada espacio del Argentino Hotel de Piriápolis, obra de Francisco Piria, tiene un diseño diferente y un piso que acompaña cada salón. El de entrada y salón principal está decorado con flores rojas y arabescos.

 

La Moderna Farmacia Piriápolis

La entrada nos invita a otra farmacia, su nombre anuncia que en su momento fue tendencia.

Estancia Santa Clara

Bien lejos de la ciudad, la Estancia Santa Clara que perteneció a Jackson guarda reliquias de museo, una de ellas sus maravillosos pisos. Merece una nota aparte este lugar lleno de magia y encanto.

Farmacia Minas Armendia  – Sabia

En Minas, otra farmacia que da la bienvenida a lo grande y nos muestra en su piso los apellidos seguramente de sus primeros dueños.

Parque de UTE Minas

En el Parque de UTE de Minas encontré algo increíble, de manera artesanal un piso hecho detalladamente a mano que con letras de mosaico nos indica donde estamos.

Barrio Peñarol

Llegué al barrio Peñarol y apenas caminé por sus calles me dí cuenta que cada rincón es una historia. Al lado de la Estación, en los edificios que los ingleses habían construido para vivienda o diversas actividades, me encontré con un centro social restaurado, sus pisos en dos colores me tentaron y me invitaron a recorrer el lugar con la presencia de su nobleza bajo mis pies.

Palacio Brasil

Sobre 18 de julio, una fachada parece escondida entre el bullicio de la avenida, sin embargo a pasitos de la entrada el Palacio Brasil ya nos anuncia su gran estilo. Su puerta de hierro forjada y decorada, acompaña a unos mosaicos hermosos y delicados que dan la bienvenida a un edificio característico del siglo XIX con algunos elementos del Art Nouveau.

Patio del Naranjo

Una vieja casona del Prado que perteneció a la familia Soler, hoy es el restaurante Patio del Naranjo. Sus pisos como toda su arquitectura acompañan el ambiente señorial del lugar.

Escaramuza

Una biblioteca y restaurant con el encanto de lo antiguo entre Parque Rodó y Palermo.  Sus pisos ya nos cuentan del universo lleno de historias que se esconde dentro de sus paredes. Un lugar para quedarse, disfrutar de lectura y café.

Deli Café

Hay espacios modernos que nos invitan al encanto y calidez de lo de antes. Deli Café tiene en sus pisos y sus recetas ese aire de estar como en casa. Compartir una pausa en la ciudad es un placer, mientras me distraigo tomando imágenes de su encantador espacio.

 

One comment

  • Excelente articulo , caminar por Montevideo poniendo atencion en sus bellezas arquitectonicas, admirables edificios con refinados detalles, nos depara un placer incomparable que todos podemos compartir sin costo alguno.

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