CULTURA

Creadores de experiencias

Voces impostadas, trajes de época, público de cabezas blancas y tres horas sentados en una butaca. Así se podría resumir una experiencia yendo a ver ópera, pero en realidad, es mucho más que eso. Talento, musicalidad, pieles erizadas y hasta lágrimas pueden completar el paquete. A los que nos gusta la ópera, no nos espanta el tiempo, ni escuchar cosas viejas como nuevas, porque en el fondo, las buenas historias y la música no tienen fecha de vencimiento.

Los cuatro nos sentamos en una mesa grande del sexto piso del Sodre como si fuéramos niños, alrededor de dos bolsas con bizcochos y un Colet grande. El ambiente distendido y el entusiasmo reflejaban el espíritu de Ópera Joven, proyecto sobre el que Nicolás, Esteban y Tamara iban a contarme en detalle. Hecho por jóvenes —como su propio nombre deja claro— tiene dos objetivos fundamentales: captar a las nuevas generaciones como público y dar la oportunidad a los talentos locales de debutar un rol en un escenario de verdad.

Contrario a lo que muchos creen, el mundo de la lírica en Uruguay está lleno de jóvenes deseosos de ver y hacer ópera. La Escuela Nacional de Arte Lírico, la Escuela Universitaria y las escuelas municipales de música son semilleros de las nuevas camadas de artistas, pero el salto de estudiante amateur a profesional no es tan sencillo. Para acceder a un rol protagónico en las producciones del Teatro Solís o del Sodre, básicamente hay que cumplir con un requisito esencial: tener experiencia. Si bien a veces se presentan oportunidades en roles secundarios para que los jóvenes talentos sean puestos a prueba, la realidad es que no son suficientes y a veces los nombres se repiten. Por eso, Ópera Joven se presenta como una propuesta independiente con formato de ópera studio, en donde preparar un rol es más un proceso de aprendizaje y crecimiento profesional, que una búsqueda por la perfección.

Sí, se puede

Del 28 de agosto al 2 de setiembre, se representará en la Sala Zitarrosa la ópera Così fan tutte de W.A. Mozart, obra que no se ponía en escena desde hacía 20 años en nuestro país. Pero la peculiaridad de este espectáculo no está dada por ese dato, sino por su elenco, compuesto por jóvenes de entre 18 y 35 años —en su mayoría estudiantes— con poca experiencia profesional pero con muchas cualidades artísticas y vocales. “Vemos que hay gente con posibilidades y que, además, está bueno que haya más de dos ofertas operísticas en una ciudad. La idea es ser una opción independiente —con todo el trabajo que eso conlleva”, comenta Esteban Louise, director musical del proyecto y actual director del Coro Nacional del Sodre. Y agrega el barítono Nicolás Zecchi: “Queremos ser un nuevo aporte, en donde esas personas con cierto talento, a las que se les ve un progreso, una seriedad en cuanto a cómo encaran las cosas, tengan la oportunidad de debutar un rol. Capaz que dentro de un par de meses les abre una puerta interesante acá o en el exterior, pero más allá de para poner en el currículum es una vivencia, una experiencia y no es una papa, es una puesta integral, con la posibilidad de cantar con orquesta”. No es la primera vez que Esteban y Nicolás trabajan para Ópera Joven, ya que, como el resto del equipo detrás de la organización, fueron piezas fundamentales en los primeros pasos del proyecto que surgió tímidamente en 2006 y que logró poner en escena la ópera L´elisir d´amore de Gaetano Donizetti. Para este nuevo desafío, se volvieron a juntar con Edgardo Rocha, Yael Carretero y Tamara Cabrera, con quienes conforman el equipo de dirección, producción y coordinación.

El proceso

Para formar el elenco realizaron un llamado a audiciones y el resultado los sorprendió gratamente, tanto por la cantidad de postulantes como por el buen nivel. La mayoría de los seleccionados son alumnos o exalumnos de las escuelas estatales de formación en canto lírico y debido a su condición de estudiantes, la forma de preparación del espectáculo fue diferente. Comenzaron a ensayar en octubre del año pasado, casi un año antes del estreno, cosa poco usual para un espectáculo de estas características que habitualmente suele prepararse con solo un mes o 20 días de anticipación. Señala Esteban: “La idea era ir haciendo un proceso con los personajes, estudiar, entender el por qué, buscarle la vuelta a cada escena. Llevarlo a la realidad también es complejo, porque es a pulmón, todos tienen sus horarios, sus actividades. Cuando venga Edgardo se va a sumar todo lo que es el trabajo escénico”. El tenor Edgardo Rocha es uruguayo, pero está haciendo carrera en Europa y vendrá puntualmente para dirigir la puesta en escena de Così fan tutte. Haber participado más de 10 veces como cantante en esta obra le dio la idea, el conocimiento y la confianza suficiente para asumir el rol de régisseur. Cuenta Nicolás que “cuando me dijo que iba a armar la puesta me shockeó un poco porque es un debut para él, pensé que iba a venir a cantar (en realidad todos quieren que venga a cantar). Ahí empezamos a ver los pros y los contras y ver si existían los cantantes o no. Había que tener un plantel de gente disponible como para tres elencos que nos asegurase que a lo largo de todo ese año de preparación si fallaba gente la ópera no se caía”. La puesta no va a ser clásica y con mucha “pompa”, por un tema de costos y también para atraer a un público joven, “Adiós a los clichés operísticos, nada de melodrama. Teatro lo más natural posible”. Y Esteban agrega: “Está todo en la música, en la partitura: el carácter de los personajes, el espíritu de cada uno, cómo va evolucionando. Está todo escrito y justamente esa austeridad, ese minimalismo se desarrolla a partir de la partitura sin cosas extrañas, al llevar a otro plano lo que está escrito en el papel”. Contarán con una orquesta clásica reducida en número pero a la que no le falta nada: violines, violas, cellos, contrabajo, flautas, oboe, clarinete, fagot, timbales, trompeta, cornos compondrán la fila de músicos, muchos de los cuales tocaron en 2006 y ahora forman parte de las orquestas profesionales del medio, como la Filarmónica o la Ossodre.

Money, money

Cuando el equipo habla de que todo fue hecho a pulmón, no exagera. Sin financiamiento y casi sin apoyo estatal, los primeros fondos salieron de los bolsillos personales de los organizadores. Gracias a algunas donaciones de particulares, apoyos puntuales de organizaciones y la preventa de entradas es que el grupo pudo conseguir el capital para cubrir los costos de preproducción. Por minutos no lograron entrar en el llamado a Fondos de Incentivo Cultural, pero consiguieron el apoyo del Fondo Nacional de Música, la declaración de interés ministerial, apoyo del Sodre (brindándoles las salas de ensayo) y de la Intendencia de Montevideo a través de la Sala Zitarrosa. Señala Nicolás: “Logramos algo medio inédito para la Sala Zitarrosa, que son seis días libres. La sala obviamente adquiere el espectáculo dentro de su temporada con su difusión propia y sus ventas para abonados. Pero si vos te fijás, la Zitarrosa tiene cada día un espectáculo diverso y tener seis días de función fue algo muy bueno”. Y agrega Esteban: “Está bueno también el lugar que nos dio la sala porque no es una sala de música clásica ni de ópera. Si bien la Sinfónica toca bastante ahí, es una sala más bien volcada a lo popular”. En esos seis días de funciones unas 2500 personas podrán disfrutar del espectáculo. Y para aquellos que no saben italiano, no se preocupen, que por supuesto va a contar con subtítulos.

Las expectativas del equipo son altas y aspiran a que esta experiencia sirva como puntapié para nuevos proyectos. En palabras de Nicolás: “Carecemos de cosas, pero ojalá que no volvamos a parar 10 años, sino que el año próximo se pueda repetir la experiencia con otras personas, que se mantenga y que sea un espacio más. No se puede pretender el nivel de excelencia —y eso lo sabemos todos— porque son estudiantes y muchos debutan, pero las voces seleccionadas, los músicos que están detrás, los directores son excelentes. Ahora lo necesario es que esto salga”.

A.S.O.

 

 

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