MUNDO

Don Domingo Carrió

Salí del pintoresco barrio Las Peñas, rumbo a subir los 444 famosos escalones del cerro Santa Ana hasta llegar al faro. Mucha rumba, caliente. Comida, por todos lados. Niños bajando y subiendo escalones. Ancianos que habían salido a sus balcones a charlar. Los colores invadían cada rincón, había magia, en cada esquina.

IMG-20160117-WA0004

Llegué a la cima y lo vi. Estaba aplastando botellas con el pie, botellas que sacaba de la basura y colocaba en una bolsa. “Domingo Carrió, para servirle”, me dice un hombre de unos 60 años y se convierte, durante 10 minutos, en el mejor guía turístico que había tenido hasta ese momento. Hacía apenas cuatro horas que había llegado, estaba de paso por Guyaquil, así que me venía bien alguien que me contara un poco más acerca de la ciudad. “Hace 40 años que vivo aquí y esto (de reciclar botellas) lo hago como un pasatiempo. Al menos con lo que gano puedo comprarme una cajilla de cigarrillos y ya es bastante”, explica mientras sigue aplastando plástico. “Yo en realidad soy de Cuenca…”, y al deslizar el nombre de la ciudad, sonríe y veo que solo tiene un diente. Y una mirada sabia, de esas que de vez en cuando necesitás que te regalen. “Ecuador quizá no sea muy bonito pero su gente es amable”, asegura mientras levanta su cabeza, con orgullo. “A mí me está gustando mucho”, contesto, sin exagerar. Me cuenta que hace algunos años esta zona era peligrosa. “Ahora gracias a la policía es seguro caminar por acá”. Pasa un policía, lo saluda y le palmea el hombro.

Hablamos del reciclaje, de la megaminería en Perú y de la gastronomía ecuatoriana, me recomienda los pescados y el ceviche, con arroz, mucho arroz. Hablamos un rato más, le cuento algo de Uruguay y dice: “Qué lindo debe ser su país, yo no conozco. A duras penas conozco el mío”, pero sonríe, siempre sonríe. Hablamos de su esposa, de sus hijos, y me recomienda algunos destinos, asegurando que en su país podré conocer montañas, volcanes, playas y selva. Señala el Malecón 2000 (un proyecto de regeneración urbana de 2.5 kilómetros a orillas del río Guayas) asegurando que el paseo por allí vale la pena. “Museos, esculturas, shopping, puestitos de comida. Tiene todo, hasta un cine”, asegura y extiende su mano. Y casi que haciendo una reverencia se despide pero antes me dice: “Domingo Carrió, para servirle”.

Unite a la discusión

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *