RELATOS

En algún lugar

Venía enroscada en un dolor de muela que me estaba perforando la paciencia y algo enojada con el mundo, sin un motivo específico. Él estaba con la cabeza entre las piernas. De golpe se paró, se tambaleó y se puso a mirar por la ventana. Buscaba algo. El ómnibus se sacudía, nos sacudía a todos. Eran las 6:30 de la tarde y el hombre, que ahora movía sus labios, intentaba prenderse la campera azul que llevaba puesta. Parecía estar en la barra de un bar, con el vaso vacío. Intentaba no llamar la atención, estaba en un rincón del bus, pero la gente lo miraba, no solo por su aspecto, si no porque de él emanaba un olor a alcohol que de a ratos se hacía difícil de soportar. Se me hizo un nudo en el estómago, es imposible acostumbrarme a sentir miradas perdidas, a ver la soledad en el rostro de alguien. Ahora me daba la espalda y mientras escribía estas líneas me detuve a mirar por su misma ventana, aunque sabía que no iba a ser la misma. Me miró de reojo, lo miré de frente. Quería devolverle una sonrisa, pero no me salió. Me bajé del bus, con un sabor amargo. Y me quedé un rato sentada sobre un muro, sintiendo como el frío traspasaba mi largo saco negro.

T.de T

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