CULTURA

Entropía, galpón de circo

Entropía es un galpón gigante, con fondo negro y techo de chapa. Es un espacio de entrenamiento, de arte y de buenas energías. Un lugar cargado de elasticidad, anatomía y juguetes gigantes para los artistas del cuerpo. Entropía es un caos con orden que alberga a varios colectivos de circo y el encanto del mundo de los acróbatas.

La primera vez que fui al circo tenía 26 años, fue en una carpa roja gigante armada en La Pedrera por el verano. Esta misma carpa, digna de la imagen que viene a la cabeza cuando uno piensa en la palabra “circo”, se volvió a armar un par de temporadas en diferentes balnearios y siempre traté de ir. Aunque el espectáculo no variaba demasiado, no podía dejar de sorprenderme con la elasticidad de los cuerpos, con el equilibrio, con las historias guiadas por la música en vivo y con las cosas que eran capaces de hacer los artistas. Desde esa primera vez fui a varios espectáculos circenses e incluso llegué a tomar clases de acrobacia en tela (un año fue suficiente para darme cuenta de que eso no era lo mío). Hoy, quiero acercarles este mundo a aquellos que no lo conocen o cuya única referencia es el Cirque du Soleil. En Uruguay el circo está en ebullición, hay muchos colectivos y varios espacios donde practicarlo. Uno de esos espacios está por cumplir su primer año de vida en agosto y tiene cuerda para rato. Bienvenidos a Entropía, galpón de circo.

Por amor al circo

“Nuestro objetivo es el desarrollo y la promoción de las artes circenses, eso implica la formación pero también brindar espacios de ensayo para la creación y la producción de espectáculos, además de la presentación de estos”, dice Agustina López, una de los doce miembros del colectivo que gestiona el galpón Entropía a puro pulmón, sin apoyos externos, con trabajo voluntario y por verdadero amor al arte.

La palabra entropía proviene del mundo de la física, es un concepto que plantea que en el caos existe un orden y para este proyecto autogestionado el nombre calzaba a la perfección. En el transcurso de un año, en medio del desorden, de las rutinas laborales, de los estudios, de los ensayos, de la vida misma, este grupo de jóvenes logró transformar un galpón de un taller mecánico en un espacio dedicado a las artes. “Por suerte generamos una linda sinergia en la cual nos ponemos objetivos y no paramos hasta alcanzarlos”, señala Agustina.

El grupo es variopinto, sus miembros vienen de áreas tan diversas como la historia, la sociología, la ingeniería, el diseño, la comunicación visual, la psicología, la danza y los oficios, pero todos comparten el amor por el circo y las ganas de hacer que crezca. “Todos tenemos cualidades muy distintas pero a su vez nos potenciamos”, agrega Silvana Lewis, integrante del equipo gestor. A su vez, cada uno de ellos forma parte de otros colectivos artísticos, como Sinestesia, de Cualkier Guayaba, Cía. Kemaquine y Confluencias.

En movimiento

En el galpón se ofrecen clases regulares de diversas disciplinas circenses para adultos y a partir de agosto abrirán un grupo para adolescentes y uno para niños. Las clases son de lunes a viernes a partir de las 18 horas y hay para todos los gustos: acrobacia en tela, trapecio, acrobacia en dúo, danza, paro de manos. Para participar de las clases no es necesario un conocimiento previo de la disciplina ni una preparación física especial, el único requisito es tener ganas de aprender y no temerle a la frustración. “Creo que la primera barrera sos vos mismo diciendo puedo o no. A mí me gusta el circo porque te presenta algo imposible pero que se puede hacer”, comenta Mauricio Prato, integrante del colectivo.

También brindan, a lo largo del año, diferentes talleres intensivos de disciplinas específicas y menos conocidas, como ramka o rueda Cyr, o de técnicas y elementos ya conocidos pero para niveles más avanzados. Para estos talleres suelen trabajar en coordinación con otros espacios dedicados al circo, como El Picadero, para traer artistas de otros países que puedan enseñar su arte a los locales.

 

Quienes forman parte de este mundo de acrobacias y adrenalina, están todo el tiempo en formación. Las convenciones de circo, los festivales internacionales y las visitas de colegas de otros países son las instancias más aprovechadas para conocer cosas nuevas, para experimentar y adquirir técnica, ya que en Uruguay no hay una escuela formal de circo, como sí hay en otros países. “Si querés avanzar, necesitás un espacio con una infraestructura, eso fue un poco lo que nos pasó a nosotros y el porqué de todo esto. Estábamos empezando a producir espectáculos y teníamos la necesidad de ensayar y de tener un espacio propio”, cuenta Agustina, mientras a su espalda varias ruedas Cyr, de 14 kilos cada una, están en movimiento en pleno taller intensivo.

Se abre el telón

El galpón también tiene la capacidad de transformarse en un escenario polifuncional, que puede adaptarse tanto a las necesidades circenses como a las de la danza o el teatro. El lugar puede alquilarse para hacer espectáculos o para realizar actividades. Una vez al mes, es tomado por el colectivo Entropía para realizar una varieté que convoca a diversos artistas. La varieté de este mes se realizará el próximo domingo 23 de julio a las 19:30 y se llama “Lunática”. El público podrá disfrutar de un espectáculo de acrobacias aéreas y de piso, con artistas extranjeros y locales sin entrada fija, pero sí a la gorra, una modalidad muy típica del universo circense. “Elegimos la gorra porque nos parece algo superdemocrático pero también como una forma de educar a la gente en que detrás del arte hay todo un proceso”, explica Agustina. Es que, preparar cada espectáculo lleva muchas horas de ensayo, de entrenamiento físico, de caídas, de golpes, de frustraciones, pero también de crecimiento y de mucha pasión. Las varietés son aptas para todo público, en ellas se genera un ambiente familiar, distendido y se recrea el encanto de los circos de antaño: misterioso, sorprendente y único.

Dónde: Bacigalupi 2094 esq. Lima (Montevideo)

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