RELATOS

Fluir sin pensar

Eternos sean aquellos que sienten de verdad.

Veredas repletas de espárragos tirados.

Catarsis en mano. Paro y pienso: “qué estoy diciendo”.

Nada. Palabras sueltas que buscan su equilibrio.

Esquizofrenia feroz, elocuente (elocuente es una muy buena palabra). Las melodías fluyen sin rincones, sin escondites. Tan ajenas y tan propias…

Y la envidia por crear. La envidia del creador por ver algo existente, ya inventado que no es fruto de su imaginación. El dolor de la impaciencia. La cabeza cansada. Imágenes que no llevan a nada pero que para alguien tendrán un significado.

Catarsis de expresión. Frases cortas (como dicen que deben ser) y un barril repleto de ilusiones, porque el alcohol nos olvidó en alguna otra vida y en esta solo es un estorbo social.

¿Drogas? Ninguna, solo el imperativo de hacer algo, de ser alguien, de no perderse en el viento, de dejar un hijo, un árbol o al menos una flor.

Frutos perdidos o podridos, no importa de qué tipo, frutos al fin. Y a cambio un adiós a la libertad, un hola a la hipocresía y un llanto por la emoción perdida.

Pétalos, voy a dejar pétalos marchitos escondidos entre las hojas de mis libros más pesados con la sensación a cuestas de haber cumplido con mi rol.

Puertas inmensas llenan mis sentidos, los miedos y absorben mi fe.

Puertas, pero ¿a dónde llevan? A ningún lugar, cargadas del deseo y el odio de muchos otros que estuvieron antes que nosotros.

No pienso pensar, o parar, soy un río que mana de algo superior que se apoderó de mí. Conozco más palabras, no las encuentro, no las vi en el camino de esta peripecia.

Grietas, acantilados, una catarata de pavadas irrefrenable, indeseable y falta de cordura. Un ejercicio atroz de hacer doler a mi muñeca, a mi mano creadora, a mi voz interior.

Se termina, ya sé, y veo que se termina igual que mi razón y mi falta de sensatez a la hora de planificar.

Ahorro, tiempo, sacrificio, muerte.

Quiero otra vida, no sé cuál. No busco la comodidad, solo el saber y llegar a la verdad, aunque no sepa ni lo que ella es.

Cruda, cruel, oscura, tal vez es mejor que permanezca tras el velo de lo que creemos creer, de lo que nos hacen escuchar, de lo que se puede teorizar.

Palabras secretas, órdenes ocultas, guías que nos miran desde arriba y ángeles que nos acompañan pero callan aunque vean que nos vamos a equivocar.

Licor de los que nunca he probado ni pienso tomar. Caminos que no puedo construir y la conciencia que empieza a aflorar.

Se fue el flujo infinito que salía solo, se fue la inspiración personificada y quedó el deseo de evitar la mediocridad.

Catarsis terminada, pero no resuelta.

Punto final.

Punto.

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