RELATOS

La casa en orden

Tener 45 envases de cerveza debajo de la mesada de la cocina molesta, además de hablar bastante de mis últimas semanas. Sin dudas tenía un problema. No podía sacar mi vista de sus picos pegajosos, ahí estaban a punto de atacarme. Me dolía la garganta, estaba segura de que esa noche me iba a subir la fiebre y las llagas iban a volver pero no me importó. Necesitaba devolverlos, llevarlos a su lugar, era una extraña forma de empezar a poner mi vida en orden, aunque mucho todavía no sé qué significa esa palabra (¿Por suerte?). Mi cabeza, mi vida toda, hace meses que es un caos, y esas botellas ahí no me ayudaban a pensar. Así que saqué unas cuantas bolsas, y comencé a poner  los envases dentro. Uno, dos, tres, 18, 45. Ahí estaban todos embolsados, quietitos, juntitos, prontos para ir a dar un paseo. Abrí la puerta de casa, llamé el ascensor, y comencé a cargarlos. La tos acompañaba molesta. Intenté estacionar lo más cerca que pude del supermercado, eran unas cuantas bolsas, estaba sola y enferma, de la coherencia de la incoherencia dependía mi estado de salud esa noche. Una vez que terminé de ponerlos todos en un carrito me fui hasta la máquina. Estaba ansiosa, quería dejar esos envases de una vez por todas. Uno, dos, tres, 18, 45; botón verde, ticket. Listo. Respiré profundo, sonreí aliviada y volví a casa, sabiendo que en menos de 48 horas volvería a tener alguno de ellos debajo de mi mesada.

 

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