COMER & BEBER

La esquina del mundo: donde se detiene el tiempo

De esos lugares citadinos que convocan, que invitan a pasar un buen rato. Un sitio espontáneo, en el que pasan cosas mientras se detiene el tiempo. Su creador, Juan Carlos Karakeosian lo define como “un consultorio psiquiátrico de elección. Todo aquel que lo visite podrá escapar del estrés, de la prisa y de la mentira. Para finalmente dejar de correr detrás de la nada”. Atmósfera cálida y abarrotada de ‘cosas’ que, curiosamente, lo encantan.

En pleno barrio Villa Dolores, del otro lado del mundo, hay un espacio que fusiona la gastronomía con el arte. Juan Carlos Karakeosian, dueño de La Esquina del Mundo, desembarcó con este proyecto el 12 de mayo de 2011. “Es un lugar para los amigos con una propuesta gastronómica a base de los platos que como en mi casa”. La carta es reducida pero sustanciosa y casera. Tarta de zapallitos, de puerros y de jamón y queso. Lehmeyun — que siempre hay abundante—, pizza, croquetas y ahora que viene el invierno servirán sopa de verduras con parmesano. La reina del lugar: la pascualina. Los postres: alfajorcitos de maicena y susurros de naranja y chocolate. “Yo no me complico mucho en ampliar la carta. El tema de la cocina es familiar y hay una chica que me ayuda. La madre superiora en este proyecto es mi mamá y mi papá el encargado de las compras, él sabe dónde está más barato el puerro y el tomate”. En esta esquina pasaron varios emprendimientos; un puesto llamado Los ojos de la tía Gregoria (uno de los primeros proyectos de Juan), un videoclub, almacenes e incluso un delivery de empanadas. “Es la esquina de mi familia, mis padres viven alado. La adolescencia la pasé en este barrio y después de viajar por todos lados (viví mucho tiempo en Barcelona) decidí armar esto. Esta vez sin socios [Juan fue uno de los creadores de La Ronda a mediados de los 90]”.

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El mundo en una jaula, valijas, mesitas restauradas, un banco vareliano, frazadas y un árbol: el faro de La Esquina del Mundo, que a su vez es la casa de Ástor, el pájaro carpintero. Un vestido blanco de novia colgado en la puerta de entrada, da la bienvenida. Paredes del tiempo sobre las que asoman personajes e historias insólitas. “Me gusta ir a la feria a comprar cosas. El clásico es Tristán Narvaja. No hay criterio ninguno, es lo que se siente. Me pasa que voy a buscar un disco de vinilo de Sumo y termino con un marco de un cuadrito que me gustó. La decoración es lo que soy. Es mi casa, tengo mis cuadros, mis libros… Los muebles van apareciendo y hay algunos que no saben que vienen que están viniendo, así como personas. Y de esta forma se da la mixtura…”. El 99% de las cosas que hay en La Esquina están a la venta aunque hay algunos objetos que Juan prefiere conservar, atesorar. Como el banquito amarillo con resortes que le regalaron y por eso no lo vende. “Este banquito es ideal cuando venís medio nervioso o si un día andás jodida… te sentás un ratito ahí mientras te caliento una pascualina”, me dice y hago la prueba.

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El arte pop de algún sujeto se fusiona con una suculenta colección de cajitas de fósforos. Fotografías de Delmira Agustini y Sigmund Freud se codean con algunos zapatos sin par, un tanto desgastados. La fotografía de la tía de Juan cuando iba a la escuela, las zapatillas de ballet de María Noel Riccetto y un tablero de bochas que le regaló Olga, una amiga de la casa, son protagonistas de una decoración bastante particular. El recorrido continúa y la nube con lentes que cuelga del techo se hace presente para inmediatamente dar paso a una fotografía de una pintura de Salvador Dalí. Después libros y más libros, junto a ellos una cesta con lentes de colores, una colección de sombreros y dibujos de algunos que pasaron por el lugar y decidieron dejar parte de su historia. Y la música acompaña. Hay discos de vinilo para todos los gustos: David Bowie, Rolling Stone, Zucchero, Cole Porter, Pink Floyd, Bessie Smith y Juan Manuel Serrat, son apenas una muestra de esta generosa colección.

Y es por esto, bella fauna, que los invitamos a darse una vueltita por esta esquina del mundo, una esquina sin dudas muy peculiar. Abre el martes de 12 a 16 y de 19 a 2 am y de miércoles a sábados de 19 a 2 am. “Es un lugar para venir solo, con tu tía o con tu sobrina. Con tu hermana que estás peleada y por qué no con tu exnovio. Es un lugar para estar bien, disfrutar de la buena vibra y encontrarnos”.

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T.de.T

Fotos: Gabriel Adda

Artículo publicado en revista Decoración, diario El Observador.

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