RELATOS

La vida a mi lado

 

Los azulejos formaban una figura en el piso. Parecía una estrella. Estaba sentada en el escalón de una casa reciclada cuando lo vi. El cielo gris se reflejaba en un charco que había al borde de la calle. La atmósfera era algo melancólica, quizá porque yo estaba en esos días en los que me cuestiono parte de mi humanidad. En esos días en los que me entrevero en la búsqueda de un por qué, que sé que no voy a encontrar. Al menos no así.

La cuestión fue que lo vi. No sé cómo, y tampoco sé por qué pero sentí su andar como una melodía. Era una especie de melodía sanadora, potente y suave. Esta vez solo observé. Me quedé muda ante su presencia, estática. Después me puse derecha y baje la mirada, algo me intimidaba. Se dio vuelta y sonrío. Hice una mueca pero sin mostrar los dientes. Siguió caminando y yo, sentada en el escalón disimuladamente iba siguiéndolo con la mirada. Se detuvo. Contuve la respiración. Estábamos casi a una cuadra de distancia cuando sacó la guitarra e hizo un par de acordes. Y empezó a cantar. No pude contener más la sonrisa. En realidad solté una carcajada. Y así fue como en esa tarde gris y algo entreverada, un pequeño hombre de tan solo 12 años me regaló su música. Le pedí un bis y arrancaron a sonar los acordes de “En el limbo”, de La Vela. Y me fui alejando de todas las cosas que supe sufrir, y sentir…  

 

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