RELATOS

Loca

Estaba, sola, parecía no saber dónde. Se había perdido. Metió sus manos en uno de los bolsillos del saco gris y se limpió las migas de un pan que venía comiendo. Estaba pero no estaba. Amaba pero no amaba. Pensé: “se dejó ir, no pudo soportarlo”. No lo sabía, solo lo supuse. Yo venía con la música a todo volumen, ella claramente estaba escuchando otra melodía. La vi de lejos, su presencia me atrajo de inmediato. Era etérea, pura, como un ángel. Con una suavidad que acalambraba. Raro. Y ahí fue cuando vi a ese ángel cruzar la calle, con paso lento, desconcertante. Miraba para los costados y para ningún lado. Siguió caminando, cruzaba la rambla entre un mar de bocinazos y frenadas. Y caminaba, con la misma calma que hacía algunos segundos. Igual. Sentí que mi corazón se detuvo, por un instante, y que extrañamente conecté con esos ojos azules que nada tenían para decirme. Fue una conexión fugaz, quizá inventada.

Los autos parecían rozarla, pero ella no se inmutaba. Grité, grité, grité. Le grité. No miró nunca, no advirtió mi presencia, siguió caminado. Hizo frenar a todos los que venían a más de 80 por la rambla, yo quedé inmóvil.  Me agarré el pecho y me senté a perderla de vista. Aún hoy sigo pensando en ella y en su locura. Que me hizo sentir más humana que nunca.

One comment

  • Así es amiga, hay algunas personas a las que tanto ruido las hizo refugiarse en sí mismas. Están ensimismados.

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