CULTURAMUNDO

Iramaraí Freitas: en el corazón de Pernambuco

Iramaraí en su casa en Recife.

“Vivíamos en Timbaúba, en el interior de Recife. Allí papá, que era artista plástico se pasaba todo el día pintando, y mi hermano y yo, observábamos.  En 1970 nos mudamos a Olinda, un lugar que nuclea muchos artistas, y fue ahí donde comencé a hacer mis trabajos. Empecé haciendo esculturas, con veintipocos años, en el año 1976. A través de este proceso artístico (el de la escultura) consigo transmitir un mensaje, es la forma en la que dialogo con el mundo. Suelo mezclar muchos materiales como madera y hierro, lo que hago tiene mucho de la carpintería antigua. Mi primer trabajo de escultura lo hice para una muestra erótica en Recife y de hecho tengo una serie al respecto. Con la pintura mi proceso es más turbulento, me cuesta más decir lo que tengo para decir. Trabajo mucho el color y pinto en acrílico, el óleo no me gusta demasiado. Cuando estoy en la efervescencia del proceso de construcción y termino la obra no me cuesta tanto desprenderme. Cuando estoy con ella mucho tiempo en casa, cuando dialogo cuesta un poco más. Recuerdo una obra que comencé en 1999 y la vendí en 2007… se llamaba Repouso da Identidade. Actualmente estoy en un período de transición. Participo desde el 2007 en un programa del gobierno que busca reducir la mortalidad infantil y allí también trabajo con otras plataformas de arte como la fotografía o el video.  He estado enfocándome bastante en este trabajo y un poco he desacelerado mi producción.  Sobrevivir en Recife como artista es un malabarismo. Las personas están intentando satisfacer aun sus necesidades básicas. En ciudades como San Pablo el movimiento artístico es mayor pero Recife aun es una ciudad pequeña y pobre. Culturalmente es riquísima pero financieramente y lo que tiene que ver con su educación formal es pobre”. Iramaraí Freitas, artista.

 

Junto a Carmen, su esposa, por salir a disfrutar del último día de Carnaval en Recife

 

Boteco Seu Vital: refugio de la cultura

Todas las noches Iramaraí va a Seu Vital a charlar con amigos y colegas y a tomar unas copas. “Es un resguardo de la identidad local, su dueño no se vende a ningún modelo de sociedad. Allí se desarrollan muchas actividades culturales. Es la simplicidad”, asegura.

Boteco Seu Vital y su dueño Vital. El lugar queda en Recife, en el barrio Poço da Panela

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