CULTURA

Santiago Bosco*

Sonidos que se quedan en el tiempo

Nacido en 1920 en Bella Unión, Santiago Bosco sabía desde niño que quería dedicarse a la música. Fue el solista de flauta de la Ossodre por 28 años y maestro de varias generaciones de amantes de este pequeño instrumento de viento.

Faltaba música. Por extraño que pareciera, en la casa del músico de fondo solo se oían las conversaciones de la cocina y los ruidos de utensilios. De a poquito, sin pedir ayuda, sin quejas y con su suerte a cuestas, Santiago Bosco entró en la sala. Tomó asiento dejando su instrumento de apoyo a un lado y se acomodó para transformar su aliento en palabras.

El comienzo ¿Cómo incursionó en la música? “Nací en Bella Unión y mi padre era el que tenía la mejor orquesta. Era la única claro (risas). Mi padre tocaba la flauta, la guitarra, el clarinete y todas esas cosas de la música de afuera y todo de oído. Yo me hacía una flautita de caña y allí fue como empezó la cosa”. En 1931 consiguió una beca para ir al liceo Seminario de Salto donde estuvo solo un año porque no aguantó más. “No porque fueran malos ni nada, a mi me gustaba otra cosa, pero eso me sirvió muchísimo. Mientras estaba en el Seminario murió mi padre y volví a Bella Unión donde trabajaba mi hermana en un almacén de ramos generales y como mi otra hermana se había venido y casado en Montevideo nos vinimos para acá”. Los dos ¿tu hermana también se vino contigo? “Contigo”, al escaparse la palabra “contigo” sonrió. “Claro. Así me gusta, lo que dijiste al final”, y el usted se volvió tuteo que se transformó en voseo y a veces por olvido volvía a ser usted. “Pero yo siempre soñaba con ser músico, tocar la flauta. Y la suerte… Siempre digo que la suerte influye, tiene un papel preponderante”. Una vez instalados en Montevideo la crisis los obligó a cambiar de barrio y la suerte (o el destino) lo llevó a vivir frente a la casa del flautista solista del Sodre de aquel momento. “Yo me hice amigo del hijo, jugábamos al fútbol ahí y él le habló al viejo y el viejo dijo `debe ser un atorrante igual que ustedes`”. Pero “el viejo” lo escuchó, le regaló métodos de estudio, una flauta que había sido de Gerardo Grasso (el compositor del Pericón Nacional) y le dio clases gratis a cambio de que le cuidara la “casita de campo”. A los quince años Santiago estudiaba “como loco todo el día”. Luego de un breve pasaje por la Banda de la Escuela Militar, ganó el concurso para entrar en la Banda Municipal, lo que le permitió más adelante conseguir el puesto de flautista extra en el Sodre. “En ese tiempo eran dos flautas y el tercero tocaba el flautín en la Orquesta del Sodre, pero se jubiló el segundo y entonces se hizo el concurso. Pasaron los años y se jubiló mi maestro. Por eso yo hablo de la suerte. Si no hubiera sido extra estable, no hubiera podido presentarme al concurso interno y no hubiera intervenido”. Cuando se hizo el concurso interno lo ganó y después Don Vicente Juanes, director de la Escuela Municipal de Música, le ofreció un puesto de profesor allí. “Era como sacar la grande empezar ahí”. Al finalizar la dictadura entró por concurso en la Escuela Universitaria de Música (EUM) como profesor y seguía siendo el solista del Sodre por lo que tuvo que abandonar la Banda Municipal. “El full time en el Sodre no permitía trabajar en otros lados. Cosa perfecta, porque la mayoría de los muchachos para redondear un sueldo decente, trabajaban en los cabarets de noche. El que no trabajaba en un cabaret de esos, tocaba en cualquier lado”. En el Sodre estuve 38 años, de los cuales 28 fue el flautista solista. Al jubilarse del Sodre siguió dando clases en la EUM hasta 2002.

Otros tiempos Por momentos los recuerdos de la infancia volvían a su mente. Las manos temblorosas sobre el regazo, la cabeza un poco inclinada hacia arriba y una mirada que se dejaba perder en el tiempo. Los recuerdos se veían interrumpidos después de unos segundos por la paciente pregunta. ¿Nunca probaste con otro instrumento? “No se puede, se puede si querés tocarlo medianamente, pero no te olvides que yo estaba como solista en la orquesta y además había un sentido mayor en la gente. Nadie jamás me dijo: `para lo que me pagan`. Ya sabemos las reglas del juego. Cuando vas a entrar sabés cuánto te van a pagar, entonces, no por eso vas a tocar mal. La cosa es esa otra actitud, la actitud de no importarle la música…” En el reglamento decía que diez minutos antes de que entrara el director los músicos tenían que estar sentados con el instrumento afinado y con todo pronto, cosa que para Santiago ya no era así en los últimos tiempos. “Cuando me jubilé, me jubilé un poco por eso… Yo hacía treinta y pico de años que estaba y siempre hice lo mejor posible; y estos muchachos venían cuando ya estaba por entrar el director. Entraba el director y ellos abrían el violín y yo pensaba `¿y estos van a cobrar lo mismo que yo a fin de mes?`. La cuestión no era la plata que ganaran sino la irresponsabilidad. Eso no pasaba en nuestra orquesta al principio, la gente toda era responsable…” Y ahí me contó algo que no sabía: la Orquesta Sinfónica se creó cuando apareció el cine sonoro, ya que los grupos de músicos que acompañaban las películas mudas en vivo se vieron desplazados. La retirada ¿Ahora tocás la flauta? “No, porque tuve una experiencia muy triste con mi maestro. Él se jubiló y tocaba en la casa. Yo iba a los dos o tres meses y ya en los últimos tiempos era lamentable, porque claro, la flauta es un instrumento que hay que hacer mucho shh (me muestra el gesto), pero él, pobre viejo… Cuando se jubiló decía `me van a tener que llamar`, pobre… A rey muerto rey puesto. Yo me jubilé de la Orquesta y seguí en el Conservatorio, pero cuando lo dejé dije `ya no`” y agrega muy convencido, “No, no, no, no. Las cosas son como son, además hay que dejarle lugar a otro gurí. Don Atahualpa dice `Nunca mires para atrás para ver lo que has andado. Miralo a tu corazón que tiene un mundo guardado de auroras amanecidas`. Precioso”. Pero la jubilación no le quitó las ganas de hacer cosas. En 2001 publicó un libro autobiográfico Recuerdos de un flautista y en 2008 abrió su propio blog, El blog del Tata, pero lo abandonó en 2012. De repente, a partir del tema de internet la conversación saltó a otro plano y apareció el Santiago analista, el recitador y el filósofo. “Anoche estábamos acá y yo quería escuchar cantantes populares y escuché versiones de Ada Falcón, Libertad Lamarque, Mercedes Simone y del Mago (Gardel). Desde el punto de vista musical era un tipo ignorante pero sin embargo fue el que hizo las composiciones de la música de las películas en las que estuvo”. Y siguiendo con la reflexión señala, “Tuvo suerte Gardel, porque consiguió un letrista que no era un Poeta pero era un poeta popular que no escribía idioteces” y ahí mismo se puso a recitar una de sus letras. “`Yo no quiero que nadie a mi me diga que de tu dulce vida vos ya me has arrancado. Mi corazón una mentira pide para esperar tu imposible llamado. Yo no quiero que nadie se imagine cómo es de amarga y honda mi eterna soledad`. Es una cosa simple pero… Es un misterio el arte, che”. Se ríe. Se lo ve cansado de hablar de sí mismo y de extrañar su casa. Hace unas semanas se quebró la cadera y está como huésped provisorio en lo de su hijo. A veces eso lo desorienta, pero esa casa, construida con sus propias manos, también es su casa. El almuerzo y mi despedida se avecinan. Una última reflexión brota con facilidad de esos labios ya alejados desde hace un tiempo de sus grandes pasiones. “Uno piensa, bueno, desde que el mundo es mundo el hombre se ha matado por conocer su principio, su transcurso y su fin y en realidad… viví, disfrutalo y agradecelo”.

A.S.O. * Entrevista realizada en 2013, y publicada parcialmente en el boletín de la Escuela Universitaria de Música

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