RELATOS

También hay de esas

También hay personas de esas. De esas que disfrutan de arruinarte una mañana. De las que comentan por lo bajo las miserias de los demás. Esas que se burlan de la sensibilidad. Esas que se regocijan del dolor ajeno. Hay personas que no toleran a un ser humano por ser diferente;  por pensar diferente, por sentir diferente. Pero que además de no tolerarlas y de ser incapaces de apreciar su belleza, las desprecian. Qué triste eso, ¿no?

Hay personas que no saben disfrutar. No saben devolver sonrisas, no saben dar un abrazo sincero. No tienen la más mínima idea de cómo paladear una voz deliciosa, un canto espontáneo, una mirada cómplice, una risa contagiosa. Son los mismos que se pierden en una crítica feroz, en una intolerancia abrumante, esos que no ven la pureza arrolladora de la vida.

Es que hay mucha gente a la que le jode la alegría, la buena onda, las ganas de hacer. Le joden las ideas. No tienen la capacidad de sentir alegría del éxito ajeno, tampoco la sensibilidad para ver un atardecer. Son los mismos que te tratan de pelotudo si entrás a un lugar con una sonrisa y decís buenos días. El mismo que te gruñe cuando vas a comprar el pan o el que te grita para que pases en doble fila.Esos que simplemente porque tuvieron una mala noche quieren que vos tengas un mal día.

Algunas veces, cuando me cae el cansancio impertinente, no hay otra que la rabia suprema, interna, constante de la presencia de esos seres. Pienso en que el mundo está bastante jodido por otra cantidad de seres humanos que no se cansan de afearlo y afearlo, para encima tener que soportar a estos tipitos.

Pero hay otras veces, que por suerte vienen siendo la mayoría, que prácticamente logro sacarlos de mi radar mental. Y a su mala onda, buena onda por dos (como me enseñó un queridísimo amigo). Y esta catarsis no es para compartirla con ellos, no creo que nada de esto les importe ni les toque ninguna fibra. Esta catarsis es para compartirla con toda esa gente que sí sabe saborear esos sonidos, esas historias de fantasía, esos secretos al oído.

Gracias por leer.

 

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