RELATOS

Una noche más

 

Las medias blancas, impecables, se apoyaron sobre el frío cemento. Hundió su rostro entre las piernas y deseó con todas sus fuerzas que esa noche no lloviera. El temporal era inevitable, eso habían dicho en el informativo. Esperó varios minutos, y el viento se hizo presente. Las palmeras se sacudían y el cielo estaba cada vez más gris. Todo se puso en penumbras. Y comenzó a llover. Los gotones reventaban en el pavimento. Respiró hondo y se agarró la panza. Le dolía. Quería adelantar el tiempo, irse a otro lugar. Se acurrucó aún más, hasta hacerse un bollito. Respiró, pero el aire no entraba en sus pulmones. No quería estar ahí pero ya no recordaba como volver. Pensó en aquellos domingos, en los que su madre preparaba el almuerzo hasta que apareció la imagen de su padrastro hurgándose el ombligo delante de todos. Quiso volver a la fuente de espaguetis y a la sonrisa de su madre, pero esos lindos recuerdos estaban borrosos. Quiso mirar el mar pero ya no se veía, se había hecho de noche. Volvió a bucear en sus recuerdos, a esos momentos que algún día la habían hecho feliz. Pero cada vez se hacía más difícil encontrarlos. Le dolía la panza, sabía que esa noche iba a consumir. La ansiedad se apoderaba de su cuerpo. No podía contenerse.  Hacía varias semanas que no volvía a casa, ya no recordaba el camino. Algo le hacía quedarse ahí, no podía salir. Ese rincón, esa pared, se habían convertido en su hogar.

Un chistido la sobresaltó. Volteó la cabeza y no vio a nadie. Otra vez se repitió el ruido. Se paró rápidamente, agarró su morral fuerte, muy fuerte, y gritó. Nadie contestó.

La noche volvió a latir con su ritmo habitual. Algunos perros ladraban, el viento y la lluvia se hicieron menos intensos, y el frío le estaba congelando los huesos. Cada vez quedaba menos. Se agarró la panza. Esa noche no iba a ser distinta, la necesitaba, la deseaba como nunca había deseado nada en su vida. La odiaba y la amaba al mismo tiempo. No podía zafar, no esa noche. Se hundió en ella, y consumió el último aliento que le quedaba.

 

T.de.T

Ilustración: Sofía Teperino

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